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Que tiempos aquellos
Antes deciros que por motivos personales, pues que no puedo escribir mucho en mi pagina, así que si veis que no la actualizo muy a menudo no os preocupéis, que sigo por aquí.
Bueno a lo que íbamos, a veces me pregunto como puñetas pudimos sobrevivir los niños nacidos en mi época, en mi caso en 1973, pero esto es extensible a todos los nacidos entre 1970 y 1985.
Éramos crios y los coches de nuestros padres no tenia ni cinturón trasero, ni airbag, ni abs, ni sillita, nos apalancábamos en la parte trasera del coche de mi padre, nos echábamos una mantita por si hacia frío e íbamos 4 atrás, cosas de ser familia numerosa.
Recuerdo más de una vez montados en el coche de mi tío que era tipo furgoneta, que durante algunas supercaravanas que se formaban en la Pobla de Valbona aquí en Valencia, nos bajábamos y caminábamos junto a los coches, ya que así nos estirábamos las piernas de tantas horas en el coche.
Nuestras cunas o camas estaban pintadas con pinturas brillantes a base de plomo, tenían elementos que nos podíamos tragar y aristas donde hacernos bastante daño.
No teníamos ni tapas que protegieran los enchufes, ni se protegieran los cajones con medicinas, mi madre tenia a la vista todos los detergentes habidos y por haber, y nunca se me ocurrió echarle un trago a una sustancia verde o azul.
Cuando montábamos en la bicicleta, no llevábamos ni casco, ni rodilleras, ni codera, etc, íbamos sin camiseta, con un pantalón corto, sin preocuparnos si hacia sol, llovía, etc.
En mi caso tuve una bicicleta de estas antiguas de los años 50, que seguían teniendo frenos de varilla y el manillar parecían los cuernos de una vaca, pero que bien me lo pasaba con mi bicicleta, recuerdo un verano que me emperre en que mi padre me comprara una bicicleta motoreta, de estas que llevaban un sillín con respaldo, era lo mas en aquella época, pero mi padre, siempre me decía que no, que teniendo la antigua esa para que quería otra bicicleta, así que como estaba convencido que no me iba a comprar la dichosa bicicleta, cogi cinta aislante negra y me encinte toda la antigua bicicleta que tenia un color feo feo feo, así que me la encinte con cinta americana negra, luego le incorpore una radio y un reloj, y se me quedo sicodélica del todo, ahora que pienso que cuando salgo con mi bicicleta llevo hasta un GPS, me quedo alucinado.
Tuve varias caídas, pero la que recuerdo con mas fuerza, fue un día bajando la cuesta de San Joaquín, que bajando a todo virolla, se me fastidiaron los frenos, viendo que la bicicleta comenzaba a coger unas velocidades tremendas, me decidí a tirar por una pequeña cuesta que subía a una era, con tan mala pata que allí en medio del camino había una piedra de la horma que se había caído y me hizo hacer una voltereta tremenda, llegue a casa lleno de heridas y rasguños, con decir que tuve que recoger la bicicleta de lo alto de la caseta de la era os podéis hacer una idea del real ostión que me di.
Jugábamos a futbol en calles llenas de coches, y cada vez que pasaba uno nos parábamos y le dejábamos pasar, recuerdo jugar en los jardines de Blasco Ibáñez al futbol, y perder más de un balón, por que nos lo atropellara algún coche. Cuando acabamos de jugar al futbol nos íbamos a beber agua de la fuente del mismo jardín, donde se bañaban los gitanillos y lavaban a sus perretes, recuerdo coger de la misma manguera que regaban los jardineros para poder beber agua, nos daba igual de donde procediera, todo valía para calmar la sed de nuestras gargantas, no pensábamos si quiera en que el agua se embotellara y fuera mineral, pensábamos que el agua era igual la del grifo que las de las botellas minerales, “TRANSPARENTE”.
Nos íbamos a donde pasaba el trenet, y poníamos chapas de coca cola en las vías, para ver como las dejaba planas, y jugábamos por la huerta a coger lagartijas, saltamontes, etc, que tiempos aquellos.
No existían ni ordenadores, ni chat, ni consolas, ni móviles, ni mp3, nada, solo teníamos a nuestros amigos y nos divertíamos con cualquier cosa.
Bueno, pues si tu eres uno o una de aquella época, eres un privilegiado, ya que no se como hemos podido “sobrevivir”, hasta día de hoy.
Un saludo.
Los cuentos de toda la vida son tremendos; brujas que meten a los niños en jaulas y los van engordando, día a día, con el propósito de comérselos asados; padres que abandonan a sus hijos pequeños en el bosque, porque son tan pobres que ni pueden darles de comer; cabritillos víctimas del engaño del lobo que se los termina comiendo; lobos que tiran al suelo las casitas de los cerditos para que le sirvan de cena los cochinillos; lobo que burla a la niñita y se come a la dulce abuelita; y el pobre Bambi, al que deja el cazador sin madre, en su más tierna infancia. Relatos llenos de crueldad y lucha por la superviviencia. Uno de estos cuentos que en tiempos pasados ya les pareció demasiado "fuerte", decidieron cambiarle el argumento -algo parecido a lo ocurrido a la película Mogambo, por parte de la censura de la época- me refiero a Blancanieves, que en vez de la madre que odiaba a muerte a su hija pasó a ser l a madrastra, para hacerlo más "digerible". Como vemos la pésima doctrina de lo políticamente corrrecto que ahora nos abruma, ya afloraba tiempo atrás. Ahora en lugar de "tunear" los cuentos lo que hacemos es sustituirlos por historias bobaliconas que ni fu ni fa.
También hemos ido apartando de las manos de los niños cualquier juguete que pueda parecer lejanamente violento; nada de pistolas, espadas, lanzas ni tanques. que tanto nos divertían a los afortunados de mi generación. Ahora preferimos los juguetes educativos, a ver si conseguimos hacer de nuestros hijos triunfadores natos a base de: colegio, actividades extra-escolares y si queda algo de tiempo juguetes formativos. Nada de imaginar aventuras de indios y vaqueros, batallas que hagan fantasear con héroes y villanos a nuestros tiernos infantes. Hay que alejarlos de la violencia y de paso de los juguetes sexistas. Un juguete para hacer velas o pastelitos sirve igual para chicos que para chicas. No estoy diciendo que esté mal hacer pastelitos, pero sí que se le impida a un niño tener su correaje y sus dos pistolas, "como está mandao", y a una niña si lo pide, también.
Y resulta que, cada vez más a menudo hay sucesos espantosos protagonizados por menores: acoso a los compañeros, agresiones a los profesores y crímenos horrendos. Se puede decir que siempre ha habido acoso y gamberros que, por ejemplo, queman el bigote del maestro que se ha quedado dormido en la silla mientras los 40 o 50 alumnos hacen el problema de aritmética que les había puesto -esto ocurrió en Chelva-, pero en general, estos actos no tenían la crueldad que tiene el coger a un profesor incauto y pegarle una paliza entre tres (sin venir a cuento) mientras el cuarto lo graba en su móvil con la mayor atención; ni matar a una compañera de 14 años, de la forma más brutal para irse, acto seguido, a jugar un partido de fútbol.
Volviendo a los cuentos ¿No será que no entendemos el sentido de esas historias tan llenas de crueldad, al parecer gratuíta. Y si fuera que al presentarlas a los niños en su infancia más temprana desarrollara en ellos la empatía, el ponerse en el lugar del otro, sentir su dolor, la compasión en suma. Sus tiernos corazoncitos, no pueden por menos que sentirse implicados y compungidos ante el sufrimiento de sus héroes de ficción.
Y en cuanto a los juguetes, podría ser que ayudaran a canalizar la agresividad y aprender a manejarla mediante el juego de batallas.
Como está visto que avanzamos a bandazos, podría ser que algún día, no muy lejano, se nos ocurriera volver donde estábamos antes de esta epoca tan tontuna. A ver si es verdad.
Que igual que el Niño volvamos a nacer a la esperanza y la ilusión y tengamos un año de paz y de sosiego en el que se cumplan nuestros sueños; pero no todos, para que podamos seguir soñando.
Feliz Navidad.
Igualmente Susie.
Pues eso si lo piensas bien es cierto, en mi caso hasta bien entrados los 90 seguiamos iendo en un land rover sin cinturones traseros, una frenada, una cruva inexperada o cosas por el estilo hacian que fueramos a parar en el sillon de frente al nuestro.
las bicicletas no eran de aluminio y eso conllevaba que pesaran algunas algo impensable, una caida con ellas podia ocasionarnos mas daño que lo normal solo por el peso de ellas.
Un saludo
joer como me acuerdo de tu land rover, duro duro duro como el acero, eso si que no se rompia ni a martillazos. Un abrazo amigo.
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